el elevador, levantó su teléfono para grabar.
Alejandro sintió que el mundo se cerraba a su alrededor.
—¡Valeria está loca! —gritó—. ¡Ella se golpeó sola!
Uno de los policías endureció la expresión.
—Existe un video.
Alejandro dejó de resistirse.
Mientras le colocaban las esposas, vio sobre la mesa el anillo de bodas.
Pequeño.
Brillante.
Definitivo.
Tres días después, Valeria acudió al Ministerio Público acompañada por su abogada, Mariana Torres.
La quemadura seguía cubierta, pero sus ojos ya no tenían la misma confusión de aquella mañana.
Mariana colocó varios expedientes frente