años y vivo en Guadalajara, Jalisco.
Conocí a Benjamín Ríos cuando teníamos ocho años.
Éramos compañeros de tercero de primaria.
Él era el niño que siempre llevaba mi mochila cuando
estaba demasiado pesada y que dejaba la galleta más grande de su almuerzo sobre mi mesa, fingiendo que no le gustaban las cosas dulces.
A los doce años me regaló una pulsera hecha con hilos de colores.
A los catorce me defendió cuando unas compañeras comenzaron a burlarse de mis lentes.
Y a los dieciséis, durante una fiesta escolar, me