no sabemos hacer nada y que deberíamos agradecerle que esté aquí.
Sentí una oleada de indignación.
—Mamá, no tenéis que soportar eso.
—Lo sé, hijo. Pero cuando uno es mayor, todo se vuelve más complicado. Tu padre se cansa. Yo ya no puedo hacer lo que hacía antes. Y Sergio nos dice que nadie más querrá ocuparse de nosotros.
Le tomé las manos.
—Yo quiero ocuparme de vosotros. Pero no quiero quitaros vuestra independencia. Quiero que tengáis opciones, que podáis decidir y que nunca volváis a sentir que sois una