Parte 2:
La abogada seguía en la línea. Le repetí exactamente lo que Sergio acababa de decir y su respuesta fue inmediata: mis padres no debían firmar ningún documento sin entenderlo y sin decidir libremente qué querían hacer con su casa.
Guardé el teléfono y entré.
Pilar se quedó inmóvil con el plato de pan entre las manos.
—Álvaro… ¿qué haces aquí?
Sergio se puso de pie.
—Llegaste en mal momento.
—Eso ya lo veo.
No discutí con él. Miré a Joaquín y a Pilar.
—¿Ustedes quieren poner la casa
Parte 2: La abogada seguía en la línea. Le repetí exactamente lo que Sergio acababa de decir y su respuesta fue inmediata: