finanzas con ayuda profesional. Seguía teniendo problemas económicos, pero al menos había dejado de fingir que podía resolverlos con una firma.
Se sentó frente a Joaquín y Pilar.
Durante unos segundos no dijo nada.
Después sacó una hoja doblada del bolsillo.
—He venido a pediros perdón.
Mi madre lo miró con cautela.
—Te escuchamos, hijo.
Sergio respiró hondo.
—Cuando me quedé sin dinero, tuve miedo de perderlo todo. Me acostumbré a que vosotros me ayudarais y empecé a pensar que tenía derecho a decidir sobre la casa porque algún día