Mi marido pasó la tarde montando una fiesta para su primer amor mientras nuestra hija de cuatro años esperaba en la puerta del cole.

vez que dejé de respirar.

Leí la última línea otra vez. “Está ocupado, no le moleste más.”

Cayetana. En el teléfono de mi marido, a las 17:50, con mi hija esperando en la puerta del cole.

La enfermera se había agachado a mi lado. Se llamaba Yolanda, lo ponía en la tarjeta que llevaba prendida del uniforme. Tendría veintitantos.

“Señora, ¿quiere que avise a alguien?”

“A nadie. Ya viene mi marido.”

“Perdone que se lo diga, pero a mí no me parece que usted esté para…”

“Yolanda, ¿verdad? ¿Usted