35. Pregunta si su papá se ha dormido. Le digo que no.”
“18:12. Ve un coche negro al otro lado de la calle. Dice ‘es papá’. Suelta mi mano. Corre. Una furgoneta de reparto. No he podido cogerla.”
Debajo, en letra más grande, casi montada sobre el renglón: “Perdóneme. Me quedé con ella hasta el final. Se lo juro.”
Se llamaba Lucía, la profesora. Veintisiete años. Había llamado tres veces a un hombre que no contestó, y se había quedado una hora y doce minutos en una acera con