PARTE 2: EL VIDEO QUE LO DESTRUYÓ…

que nunca volvería a verte.

—No tienes que pedir perdón, mi amor.

Aquella tarde, la jueza dictó medidas provisionales para proteger a Noah mientras se investigaban las pruebas.

Julian abandonó el tribunal sin mirarme.

Creí que lo peor había terminado.

Pero cuando regresé a casa, recibí una llamada de mi antiguo compañero de contabilidad forense.

—Tenemos un problema —dijo—. Revisé las empresas fantasma de Julian.

—¿Qué encontraste?

—Las transferencias no terminan en sus cuentas personales.

Sentí un escalofrío.

—¿Entonces dónde?

—En un fideicomiso registrado a nombre de Noah.

Me quedé