inmóvil.
—¿Mi hijo?
—Sí. Y hay algo más. Alguien utilizó documentos falsificados para convertirlo en beneficiario de operaciones financieras sospechosas.
Miré a Noah, que dormía abrazado a su osito.
Entonces comprendí que Julian no solamente había intentado quitarme a mi hijo.
También podía haber utilizado su identidad para ocultar una fortuna.
Y cuando mi antiguo compañero pronunció el nombre de la persona que administraba aquel fideicomiso, sentí que el mundo se derrumbaba.
No era Julian.
Era mi propia hermana, Rebecca.
La misma mujer que había prometido ayudarme a recuperar la