también con todas las deudas asociadas, legalmente, por escrito, sin vuelta atrás.
Yo pediría poco: 50.000, mis pertenencias, y custodia compartida.
Migajas… para que él firmara con alegría.
Y funcionó.
El día final: cuando su abogado lo miró con pánico
Llegó la audiencia.
Víctor llegó brillante, confiado, con traje caro y reloj nuevo. Lorena sonreía. Brenda esperaba afuera.
Yo entré como me convenía: sencilla, cansada, derrotada.
La jueza preguntó si yo entendía que estaba renunciando a bienes importantes.
Y yo dije con voz suave:
—“Sí, su señoría. Solo quiero