llamó buscando “perdón”. No lo obtuvo.
Y Tomas, con el tiempo, lo entendió solo.
No por discurso. Por evidencia.
Una noche me dijo:
—“Esperaste tres años.”
Y yo le respondí:
—“Esperé para asegurarme de que tú estuvieras protegido.”
Me abrazó. De verdad.
Mi nueva vida: más pequeña, más simple… pero mía
Mis 50.000 fueron para empezar de cero: alquiler, muebles básicos, estabilidad.
El fideicomiso quedó intacto.
Y yo retomé un sueño que había guardado por años: estudié diseño de interiores.
Empecé despacio. Un cuarto a la vez.