libros de la empresa, encontré transferencias raras. Tiré del hilo… y lo que salió me dejó helada:
La casa no estaba pagada: tenía tres hipotecas.
La empresa estaba ahogada: créditos al límite, impuestos atrasados, deudas con proveedores.
Los coches ni siquiera eran “nuestros”: arrendamientos con pagos finales enormes.
Había dinero volando en apuestas, cripto, lujos, un apartamento secreto…
No era un imperio. Era un castillo de naipes… con fuego.
Y yo entendí algo clave:
si lo enfrentaba, él me manipularía. Si sabía que yo sabía, intentaría controlar lo único