de semana para poder pagar mis gastos.
Sacrifiqué prácticamente todo para convertirme en médico.
Pero nada de lo que aprendí en la universidad me preparó para conocer a Alicia.
Tenía dieciocho años, era hermosa y, de alguna manera, la persona más divertida de todo el hospital.
Incluso cuando los tratamientos la dejaban completamente agotada, siempre encontraba motivos para reír. Bromeaba con las enfermeras, se burlaba cariñosamente de mi expresión seria y siempre tenía alguna historia absurda que contarme cada vez que entraba en su habitación.
—Doctor Lucas, ¿alguna vez le