casi tres meses hospitalizado debido a una enfermedad grave. Mis padres me visitaban siempre que podían, pero trabajaban muchas horas y no siempre podían quedarse conmigo.
Durante aquellas semanas tan solitarias conocí a una niña llamada Ellie.
Tenía cinco años, unos enormes ojos marrones y se reía de absolutamente todo.
Nos volvimos inseparables.
Jugábamos, compartíamos nuestros postres y nos prometimos que siempre seríamos amigos.
Una tarde, Ellie me hizo una pregunta que jamás olvidé.
—Lucas, cuando seamos mayores, ¿te casarás conmigo?
Me eché a reír.
—Solo si dejas de robarme