Una niña sin hogar enseñó álgebra a mi hija tras una reja, pero lo que descubrí después me dejó sin palabras

tenido que pensar demasiado en el dinero.

—Mi papá tiene.

Mariana volvió a reírse.

—Sofía…

—Es verdad. Tiene muchísimo.

Decidí que ya había escuchado suficiente.

Me acerqué.

Sofía me vio y abrió los ojos.

—¡Papá!

Mariana dio un paso atrás inmediatamente.

Su expresión cambió por completo.

Yo llevaba todavía la ropa de trabajo y entiendo lo que debió pensar.

Que estaba allí para echarla.

Mariana se encogió de hombros.

—Mi mamá dice que cuando consiga trabajo y podamos vivir en un lugar fijo, voy a regresar.

—¿Y cuándo será eso?