dijo Sofía.
Nunca olvidaré su voz.
No sonaba caprichosa.
Sonaba molesta de verdad.
—Todos los niños deberían poder estudiar.
Mariana se encogió de hombros.
—Mi mamá dice que cuando consiga trabajo y podamos vivir en un lugar fijo, voy a regresar.
—¿Y cuándo será eso?
—No sé.
Sofía miró hacia el edificio de su escuela.
Después volvió a mirar a Mariana.
—Puedes venir aquí.
Mariana soltó una pequeña risa.
—No puedo.
—¿Por qué?
—Porque cuesta mucho.
Sofía contestó como sólo puede contestar una niña de siete años que nunca ha