Una niña sin hogar enseñó álgebra a mi hija tras una reja, pero lo que descubrí después me dejó sin palabras

completo.

Yo llevaba todavía la ropa de trabajo y entiendo lo que debió pensar.

Que estaba allí para echarla.

Me agaché para quedar más cerca de su altura.

—Hola, Mariana.

Ella no contestó.

—Soy el papá de Sofía.

Asintió con cautela.

—No tienes que irte.

Sofía empezó a hablar atropelladamente.

—Papá, Mariana sabe muchísimo de matemáticas. Me explicó lo que no entendía. Ella debería estudiar aquí, pero no puede porque no tiene casa y su mamá no tiene dinero.

Mariana miró el suelo, avergonzada.

—Sofía…

—¿Cuántos años tienes? —le pregunté.