tarde con una claridad incómoda, porque fue el día en que entendí algo que ningún negocio, ningún asesor y ningún éxito profesional había logrado enseñarme.
Durante años había trabajado sin descanso.
Había creado una empresa de software cuando era joven y, con el tiempo, el negocio creció mucho más de lo que yo había imaginado.
A los cincuenta años tenía más dinero del que necesitaba.
Vivíamos en una casa amplia en una zona acomodada de Querétaro. Teníamos personal que nos ayudaba, chofer, vacaciones cómodas y prácticamente cualquier cosa que Sofía