El niño que vendía besos de caballo para no dejar sola a su madre

con fuerza al principio, cuando todo duele mucho y todos lo ven.

Luego vuelve la rutina.

El despertador.

El camión.

La compra.

Los recibos.

La vida tiene esa manía de empujar hacia delante incluso cuando alguien se queda atrás.

Esa noche no dormí bien.

Pensé en Nico escribiendo aquellas letras pequeñas debajo del cartel grande.

“Para que ella no se quede sola cuando yo me vaya.”

No era una frase de niño.

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Era una misión.

Y él nos la había dejado en las manos.

Al