Seis meses después vi crecer su vientre y pensé lo peor de ella.
Creí que escondía una vergüenza.
En realidad escondía dolor.
Y lo más terrible es que, incluso cuando estaba gravemente enferma, su mayor miedo no era morir.
Era molestarnos.
Por eso hay una frase que quiero arrancar de mi familia para siempre:
“Yo aguanto.”
No.
Quien ama también puede cansarse.
También puede enfermar.
También puede pedir ayuda.
También merece ser cuidado.
Porque a veces una madre no pide ayuda dos veces.
A veces ni siquiera la pide una.