menudo parecía distraído o distante.
Empecé a preguntarme si la responsabilidad que había asumido se estaba volviendo demasiado pesada para él.
Esa idea me aterraba.
No quería que mi marido me viera como a alguien a quien estaba obligado a cuidar, en lugar de como a la mujer con la que había decidido casarse.
Entonces, dos semanas antes de que todo saliera a la luz, ocurrió algo extraordinario.
Una mañana desperté y noté una tenue claridad cerca de la ventana de nuestra habitación.
Al principio, pensé que mi mente me