aquella llave abría una puerta física.
Después pensé que abría un secreto.
Ahora entendía que había abierto algo mucho más difícil.
Me había obligado a enfrentarme a mi familia, a descubrir la verdad y a decidir qué clase de hombre quería ser después de todo lo ocurrido.
La coloqué en una pequeña caja de madera, junto a la fotografía de mis padres.
No pensaba volver a utilizarla.
No porque quisiera olvidar.
Sino porque ya no necesitaba buscar respuestas en aquella bodega.
Las respuestas estaban en los documentos, en los testimonios,