años de mi vida.
—Lo sé.
—Me quitó la oportunidad de despedirme de mi madre. Después me quitó a mi padre. Y ahora ni siquiera sé dónde está su cuerpo.
Don Ernesto bajó la mirada.
—Entonces busca la verdad. Pero hazlo bien. Si alguien fue capaz de meterte en prisión una vez, no tendrá problemas en intentarlo de nuevo.
Guardé el sobre debajo de mi camisa.
Antes de salir, el anciano me sujetó del brazo.
—Una cosa más.
—Dígame.
—Si encuentras a tu padre, no le preguntes primero por qué