documentación para tomar el control de mis bienes. Para hacerlo más fácil, difundió que yo estaba enfermo y que había muerto. Pero nunca existió un certificado médico que confirmara mi fallecimiento.
—Entonces, ¿por qué no acudiste a la policía?
Mi padre me miró directamente.
—Porque recibí una fotografía tuya dentro de la prisión. Estabas en el patio, hablando con otro interno. Al reverso habían escrito que, si yo me presentaba ante las autoridades, harían que te ocurriera algo.
Sentí náuseas.
—¿Y les creíste?
—Sí.
—¿Incluso después de que me condenaron?