se ha disculpado.
—No.
La corregí.
—Dijo que podía disculparse “si me había ofendido”.
—¡Por Dios!
Mónica perdió la paciencia.
—¿Qué quiere entonces? ¿Que se ponga de rodillas?
—No quiero nada de ella.
Aquello fue lo que más sorprendió a Vanessa.
—¿Nada?
—Nada.
—Entonces el apartamento…
—Tampoco.
Sus ojos se llenaron de lágrimas reales esta vez.
—Pero Lucas y yo…
—Son dos adultos con estudios, empleos y capacidad para mantenerse.
Miré a mi hijo.
—Si quieren comprar una vivienda, pueden hacerlo.
Lucas palideció.
Él tampoco esperaba aquello.
El plan siempre