el té?
Frunció el ceño.
—No hablo alemán.
—Me llamó vieja bruja.
Su expresión cambió.
Pero no de la manera que esperaba.
—Mamá, quizá entendiste mal.
Lo miré.
—¿Entendí mal mi cuarto idioma?
Se pasó una mano por el cabello.
—No quiero discutir hoy. Vanessa estudió en Berlín. Le gusta hacer bromas en otros idiomas. Seguramente no quiso decirlo así.
—También me llamó tacaña.
—Mamá…
—¿Eso tampoco significa lo que significa?
Lucas suspiró.
—Hoy es mi boda.
Aquella frase fue suficiente.
No me pidió perdón por ella.
No fue a