de Lucas ni de su madre.
Comenzó a ganar bien.
Después mejor.
Su experiencia en Alemania servía.
Entró a una empresa tecnológica europea.
Dos años más tarde dirigía un equipo.
Una tarde vino sola a verme.
Emma jugaba en el jardín con Richard.
Vanessa se sentó conmigo.
—Ahora entiendo otra cosa.
—Eso suena peligroso.
Sonrió.
Nuestra relación ya podía soportar algún humor.
—Cuando me casé, pensaba que ser poderosa significaba no necesitar obedecer a otra mujer.
La miré.
—Ahora sé que tampoco significa vivir del poder de un hombre.
No