otro lado de la mesa, dejó caer el tenedor.
—¿Quién te contó eso?
Emma miró a Lucas.
Lucas miró a Richard.
Richard me miró a mí.
Yo me llevé una mano al pecho.
—¿Por qué todos me miran?
Vanessa cerró los ojos.
—Dios mío.
Emma estaba fascinada.
—¿Qué te dijo?
Vanessa señaló.
—Nadie responde.
Emma me miró.
—Abuela.
Sonreí.
—Pregúntale a tu madre.
—Mamá.
—Cuando tengas treinta años.
—¡Eso es injusto!
Yo solté una carcajada.
Más tarde Vanessa me encontró sola en la cocina.
—Gracias.
—¿Por qué?
—Por no contárselo.