propias necesidades para comprar los libros que él necesitaba o pagar los gastos relacionados con sus estudios.
Desde que su madre había fallecido, fue su hermana quien asumió responsabilidades que normalmente recaerían sobre varios adultos. Sin hacer grandes discursos ni esperar reconocimiento, organizó la economía familiar, trabajó largas jornadas y convirtió el bienestar de su hermano menor en su principal prioridad.
Durante años repetía una frase que entonces parecía sencilla, pero que ahora adquiría un significado completamente distinto:
“Tú estudia. Yo me arreglo.”
En aquel momento él la interpretaba