a cientos de kilómetros, acompañado por su madre y su hermana, y acababa de descubrir que el dinero de Valeria no era una extensión automática de su matrimonio.
—¿Valeria? —repitió Diego por teléfono—. ¿Me estás escuchando?kara
Ella acercó el celular.
—Sí.
—Entonces arregla esto. La tarjeta está bloqueada y tenemos que pagar el traslado al departamento.
Valeria observó la hoja frente a ella.
No había pedido que bloquearan temporalmente la tarjeta.
La había cancelado.
La diferencia importaba.
—No voy a arreglarla —respondió.
Diego guardó silencio apenas un segundo.
Luego