por nosotros.
Diego permaneció en silencio.
Valeria continuó.
—Tu familia puede estar en tu vida. No te voy a pedir que elijas entre ellos y yo. Pero no volveré a pagar por obligación. No volverás a usar una tarjeta mía sin autorización. Y si tu mamá vuelve a hablar de mí como alguien sin familia a quien ustedes pueden controlar, espero que sepas de qué lado debes estar.
—Del tuyo.
Valeria negó con la cabeza.
—No. Del lado de nuestro matrimonio, si de verdad quieres que exista.
La diferencia le