tomó unos segundos.
Diego finalmente asintió.
Durante las semanas siguientes no hubo reconciliación instantánea.
Tampoco una gran escena donde todos admitieran que Valeria tenía razón.
Doña Carmen llamó varias veces.
Primero estaba furiosa.
Después dolida.
Más tarde intentó explicar que todo había sido un malentendido y que su comentario sobre que Valeria no tenía a dónde ir solo significaba que ahora ellos eran su familia.
Valeria no discutió esa reinterpretación.
Le dijo algo más simple.
—No necesito una familia que me adopte a cambio de obediencia.
Doña Carmen no volvió