no?
—Como lo escuchaste.
—Soy tu esposo.
Valeria volvió a mirar el documento.
Esa frase había sido la llave de todo.
Soy tu esposo.
Con esas tres palabras Diego había justificado los boletos, la reservación del departamento y los planes de su madre y de Karla.
Con esas mismas palabras había decidido que la tarjeta que Valeria le había dado para gastos pendientes de la boda ya podía usarse para cualquier cosa.
Y dos noches antes, cuando doña Carmen había dicho que Valeria no tenía padres ni una casa familiar