la carpeta. Allí estaban cuatro años de soledad: incubadoras, noches sin dormir, fiebres, pañales, cuentas pagadas tarde, primeros pasos que Sebastián no vio. Ningún arrepentimiento podía devolver eso.
“Empezaremos despacio”, dijo al fin. “Con un convenio en el juzgado familiar. Visitas cortas. Sin prensa. Sin tu madre cerca de ellos hasta que yo decida que es seguro.”
Sebastián respiró como si esa pequeña puerta abierta fuera más de lo que merecía.
“Gracias.”
“No me agradezcas. Cumple.”
Y cumplió.
La noticia explotó en redes al día siguiente. “Exnovia llega con trillizos