descubrió que su casa se había convertido en un lugar insoportablemente silencioso.
Al principio intentó convencerse de que no le importaba.
Elena había regresado a su vida.
Podía cenar con ella, acompañarla a sus conciertos y hablar de los años perdidos.
Era lo que siempre había deseado.
O eso creía.
Una tarde volvió del aeropuerto con un fuerte dolor de estómago.
Abrió la nevera.
No había comida preparada.
Buscó el medicamento que Clara solía dejarle junto al vaso de agua.
No lo encontró.
Llamó a una empleada doméstica para que