que amar significaba renunciar a una parte de sí misma.
Ahora sabía que el verdadero amor jamás debería exigir semejante sacrificio.
En otro tiempo había soñado con envejecer junto a Gabriel Cárdenas.
Aquel sueño no se cumplió.
Pero mientras observaba cómo el horizonte se abría ante sus ojos, comprendió que todavía le quedaba una vida entera para descubrir nuevos destinos.
Ya no era la mujer que esperaba junto a una ventana el regreso de su marido.
Ya no era la esposa que se esforzaba por merecer una mirada de cariño.