diciendo cada noche:
—Duerme, yo vigilo a los niños.
—Rehagan el proyecto de adquisición del tercer trimestre.
Silencio.
—No se preocupen por Conrad Miles. Ya lo tengo controlado.
Otra pausa.
Después:
—Investiguen a Nora Blake.
Mi nombre.
Sentí que la sangre me abandonaba el rostro.
¿Por qué tendría que investigar a su propia esposa?
A menos que…
La puerta del despacho se abrió.
Adrian apareció.
Su mirada ya no tenía aquella suavidad casi ingenua de los últimos tres años.
Era el Adrian Cross del que hablaba toda la ciudad.
El