joven presidente que antes del accidente había expulsado a tres consejeros históricos en su primer año al mando.
Frío.
Preciso.
Peligrosamente difícil de engañar.
Y yo…
lo había engañado durante tres años.
—Nora.
Hasta mi nombre sonó distinto.
Retrocedí.
Él recogió una galleta del suelo.
—¿Qué quieres cenar?
Después sonrió.
La misma sonrisa de siempre.
—Yo cocino.
Pero ya era demasiado tarde.
Había escuchado su verdadera voz.
Tres años antes Adrian sufrió un accidente.
Cuando despertó no recordaba su nombre.
Ni su empresa.
Ni a su familia.
Me miró desde