Durante tres años hice creer a un hombre con amnesia que yo era su esposa… el día que recuperó la memoria, huí embarazada con nuestros dos hijos

retiro.”

Lo pensé.

“Déjala.”

Él:

“Bien.”

Pequeñas cosas.

Preguntar.

No ordenar.

La prensa descubrió que yo había sido empleada.

Los titulares fueron crueles.

“La asistente que se convirtió en esposa durante la amnesia del magnate.”

“¿Romance o engaño?”

No podía quejarme demasiado.

La pregunta era válida.

Algunos me llamaban oportunista.

Otros, estafadora.

Una mujer escribió:

“Si un hombre hiciera esto a una mujer con amnesia, nadie lo llamaría romance.”

Leí esa frase muchas veces.

Tenía razón.

Dejé redes.

No porque todo fuera mentira.

Porque no necesitaba defenderme ante desconocidos.

Mi