Durante tres años hice creer a un hombre con amnesia que yo era su esposa… el día que recuperó la memoria, huí embarazada con nuestros dos hijos

enfadé.

Aprendí a cocinar.

Eso no desaparece porque el primer capítulo fuera falso.

Lloré.

—Adrian.

—Pero tampoco quiero convertir eso en una excusa para ti.

—No.

—Bien.

—¿Me perdonas?

Pregunté.

Él tardó.

—No completamente.

Dolió.

Pero era honesto.

—Hay días que sí.

Pausa.

—Otros recuerdo el hospital y siento rabia.

—Entiendo.

—Otros te miro con los niños y no sé cómo sostener ambas cosas.

—Entiendo.

—Quizá perdonar no sea una puerta.

Pausa.

—Quizá sea algo que cambia según el día.

Asentí.

—Puedo vivir con eso.

Él me miró.

—¿Y tú?