Durante tres años hice creer a un hombre con amnesia que yo era su esposa… el día que recuperó la memoria, huí embarazada con nuestros dos hijos

—¿Yo qué?

—¿Puedes vivir conmigo sin intentar convertir mi perdón en absolución?

La pregunta fue justa.

—Sí.

—¿Sin exigirme que vuelva a llamarte esposa?

—Sí.

—¿Sin huir si me enfado?

Tardé.

—Voy a intentarlo.

—No.

Negó.

—No quiero promesas imposibles.

Pausa.

—Si quieres irte, dime que te vas.

Eso sí.

—Sí.

Nos besamos aquel día.

Por primera vez desde que recuperó la memoria.

Él preguntó:

—¿Puedo?

Y yo dije:

—Sí.

La palabra más importante de toda nuestra historia.

Sí.

Informado.

Presente.

Real.

No volvimos a vivir juntos inmediatamente.

Pasó otro