Durante tres años hice creer a un hombre con amnesia que yo era su esposa… el día que recuperó la memoria, huí embarazada con nuestros dos hijos

lo que había hecho.

No podía huir de eso.

Nadie puede.

Por eso, si pudiera volver a aquella mañana en el hospital, cuando Adrian abrió los ojos y preguntó:

—¿Quién eres?

No diría:

“Tu esposa.”

Respiraría.

Aunque Conrad estuviera esperando.

Aunque tuviera miedo.

Aunque estuviera enamorada.

Y respondería:

—Me llamo Nora Blake.

Trabajo para ti.

Estoy aquí.

No te voy a dejar solo mientras te recuperas.

Después él habría decidido.

Quizá me habría echado.

Quizá me habría olvidado.

Quizá nos habríamos enamorado.

Quizá no.

Esa incertidumbre era precisamente lo que