yo intenté robarle.
Y ése fue mi mayor error.
No puedo volver atrás.
Solo puedo vivir de una manera que no repita la misma violencia.
Por eso hoy, cuando Adrian pregunta:
—¿Quieres venir conmigo?
No doy por hecho nada.
Respondo sí.
O no.
Y él hace lo mismo.
Parece pequeño.
No lo es.
Nuestra primera historia comenzó porque yo elegí por él.
La segunda solo pudo existir porque ambos aprendimos a elegir por nosotros mismos.
Aquel día, cuando el tren salió de la ciudad, pensé:
Adiós, Adrian Cross.
Esperaba que