responder, pero Sophie susurró:
—Mami, Bruno tiene que ir. Bruno sabe.
El perro escuchó su nombre.
Giró la cabeza hacia ella, como si entendiera.
Dante también la miró.
—¿Qué sabe Bruno, pequeña?
Sophie dudó.
Luego señaló el túnel.
—El hombre huele a tierra mojada. Y a humo. Como el señor que fumaba afuera cuando papi murió.
El corredor entero pareció congelarse.
Mi corazón dio un golpe tan fuerte que me dolió.
—Sophie…
Ella no entendía lo que acababa de decir.
Pero Dante sí.
Lo vi en su cara.
La pistola