Mi hija le pidió prestado su perro al jefe de la mafia porque un hombre tocaba su ventana por las noches

en su mano bajó apenas.

No por descuido.

Por impacto.

—¿Qué dijo? —preguntó él, demasiado bajo.

Yo apreté a Sophie contra mí.

—Mi esposo murió hace tres años. Ella era pequeña. No recuerda bien.

—Los niños recuerdan más de lo que decimos —murmuró Dante.

No lo dijo como frase amable.

Lo dijo como alguien que sabía.

Uno de los guardias regresó con linternas, chalecos y radios. Detrás venía Nico, el hermano menor de Dante, con el cabello revuelto y un rifle en las manos.

—¿Qué demonios es esto? —preguntó al