Mi hija le pidió prestado su perro al jefe de la mafia porque un hombre tocaba su ventana por las noches

los bolsillos.

Parecía cansado.

No como un jefe criminal.

Como un hombre que había heredado una casa llena de túneles y fantasmas.

—Porque Miguel murió intentando sacar una podredumbre que era nuestra responsabilidad limpiar.

—Eso es culpa.

—Sí.

—La culpa no es cuidado.

—A veces es donde empieza.

No supe qué decir.

Él miró a Sophie.

—Y porque su hija tuvo más sentido común que todos nosotros. Fue al único ser en esta casa que sabía proteger sin mentir.

Bruno.

Sonreí apenas, pese a todo.

—Ella siempre tuvo buen criterio