perro negro tejido a mano.
—Para que Bruno no se ponga celoso —dijo.
Sophie lo aceptó, pero no la abrazó.
Teresa no la forzó.
Después, mientras Sophie dormía la siesta, Teresa me entregó un sobre.
—Miguel escribió esto para ti.
Mi corazón se detuvo.
—¿Qué?
—Lo dejó conmigo. Dijo que si algo le pasaba y tú llegabas a estar bajo nuestra protección, te lo entregara cuando la verdad empezara a salir.
—¿Y esperó tres años?
Las lágrimas llenaron sus ojos.
—Esperé demasiado.
Tomé el sobre.
La letra de Miguel estaba