podía hacer.
Los archivos de Miguel salieron a la luz por partes.
No en redes.
No con titulares inmediatos.
Primero en manos de fiscales federales.
Luego en operaciones silenciosas.
Rafael Costa no era solo un administrador corrupto. Era enlace entre viejas rutas Moretti, la familia Vittori y funcionarios comprados. Durante años había vendido información, desviado dinero y eliminado testigos.
Miguel fue uno de ellos.
Pero no el único.
La memoria USB contenía nombres de niños trasladados ilegalmente a través de empresas fantasma. Contenía pagos a policías, jueces, médicos. Contenía la