La respuesta de madre era otra.
—Tal vez mandó algo mejor.
—¿Qué?
—Tu valentía.
Sophie sonrió.
Dos semanas después, Bruno volvió.
Dante lo trajo personalmente.
Llegó en una camioneta negra, con Bruno en el asiento trasero usando un arnés especial y una expresión de ofendido profesional.
Sophie salió corriendo.
—¡Bruno!
El perro, aún con puntos y movimientos lentos, apoyó la cabeza contra su pecho.
Dante permaneció junto al auto.
—El veterinario dice que debe caminar poco.
—Entonces no debió traerlo.
—Intente explicárselo usted.
Bruno resopló como si entendiera.
Sophie lo