voz de Vincent era inconfundible.
Mateo va a hablar con Daniel. Si llega, estoy muerto. Muévanlo al muelle. Que parezca que huye.
La silla de Isabel raspó el suelo.
Se puso de pie lentamente.
Su rostro había perdido todo color.
—Él iba a decirle la verdad.
No pude mirarla.
—Sí.
—Y usted no lo escuchó.
El silencio fue mi confesión.
—Míreme —dijo.
Levanté la vista.
Las lágrimas corrían por su rostro, pero su voz era firme.
—Mateo murió creyendo que usted sabría que era inocente.
Algo dentro de mí se